Claude Lévi-Strauss In Memoriam (1908-2009)

por Omar Aguilar

 

Con pesar hemos leído en la prensa y en diversos medios académicos la noticia de la muerte de Claude Lévi-Strauss. Cuando faltaban unos pocos días para que cumpliera 101 años de vida, el eminente científico francés dejó de respirar y abandonó este mundo que, como él mismo lo dijera hace algunos años, ya no era el suyo. Quienes estuvieron a su lado hasta sus últimos días han señalado que no perdió la lucidez que lo caracterizó toda su vida. Evidentemente, no pudo participar activamente de las celebraciones que a fines del año pasado se realizaron en todo el mundo para conmemorar sus 100 años de vida pero con seguridad debe haberse sentido muy halagado que en diversos rincones del planeta se le hiciera tal reconocimiento a su obra.

En una época en que los férreos muros que separan a las ciencias sociales aún no acaban de ser derribados, el trabajo intelectual y científico de Lévi-Strauss constituye una de las vías para salir de las divisiones disciplinarias que hemos heredado del siglo XX. Al respecto, la mayoría de quienes conocen su obra reconocen la contribución de su pensamiento al valor que hoy parece tener la diversidad cultural. Su profundo respeto por las distintas expresiones de la cultura y del espíritu humano, junto a su convicción de la unidad de la humanidad, son ciertamente una característica de un pensador que fue capaz de ver desde lejos aquello que de tan cerca que tenemos, no logramos apreciar bien. Pero además, la obra de Lévi-Strauss constituye un modo de asumir la diversidad disciplinaria como condición de posibilidad para el conocimiento acerca de la sociedad. Así, no es de extrañar que haya sido un ferviente partidario de integrar a las ciencias del hombre los desarrollos científicos provenientes de campos muy lejanos y diversos. La matemática, la lingüística, la cibernética, la filosofía, entre muchos otros campos del saber, constituían para él momentos diferentes del intento que el hombre hace por descubrir sus propios secretos. En ese sentido, no nos debería llamar la atención que para el propio Lévi-Strauss buena parte de sus investigaciones eran de carácter sociológico. Esa separación entre sociología y antropología no tiene demasiado sentido para alguien que como él, entiende que la comprensión de los fenómenos sociales no puede provenir de una mirada que limita su campo de observación. Por eso no nos debería extrañar que para quienes hemos estudiado sociología, y para quienes formamos a las nuevas generaciones de sociólogos, la obra de Lévi-Strauss la reivindiquemos como parte de la tradición intelectual a la que nos remitimos permanentemente.

No es necesario recordar a Marcel Mauss o a Emile Durkheim, como tampoco es necesario pensar en algunos de sus connotados herederos intelectuales, para justificar la pertinencia de su pensamiento para la teoría sociológica. Basta con leer con atención al propio Lévi-Strauss para darse cuenta de la relevancia que su pensamiento tiene para la teoría de la sociedad. Ciertamente, no se le podría haber exigido a alguien como él, aunque haya vivido más de 100 años, que hiciese lo que sociólogos como Pierre Bourdieu u otros hicieron posteriormente inspirados en su obra. Para ello una sola vida no bastaría. Pero eso no impide reconocer en su pensamiento y en su acción un legado de primera magnitud para la sociología en particular y las ciencias sociales en general. Bastaría con recordar su paso por Brasil y su contribución desde allí a la sociología latinoamericana en su conjunto. Su nombre ha quedado vinculado al fortalecimiento de la ciencias sociales, junto al de otros científicos europeos que buscaron refugio en América para escapar del fascismo en Italia, España y Alemania.

Pero la importancia de Lévi-Strauss también se encuentra en la vigencia de su pensamiento. Hoy, cuando su obra ha sido objeto de críticas, deconstrucciones y destrucciones varias, su legado permanece plenamente vigente en quienes emprenden la búsqueda de los principios sobre los que se sostiene el orden de las cosas y del lenguaje. Y aunque pocos persisten en sostener que el lenguaje de las reglas es el lenguaje en que nos habla el mundo social, no cabe duda que los descubrimientos de Lévi-Strauss en este ámbito fueron un paso gigantesco en la historia de la conquista del conocimiento acerca del hombre y su vida en sociedad.

 

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